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If i ever see you again, and this gun is loaded, you'll sleep in hell. { Oliver Scott }

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If i ever see you again, and this gun is loaded, you'll sleep in hell. { Oliver Scott }

Mensaje por Oliver R. Scott el Lun Nov 21, 2011 3:22 am



INFORMACIÓN PRINCIPAL
Nombre Completo: Oliver Ravenfield Scott
Apodo: Simplemente Oliver.
Edad real y aparente: 27 años reales y 18 aparentes.
Fecha y lugar de nacimiento: Prescott, Oregon. Nueve de Octubre.
Ocupación: --
Grupo: Fantasmas.



INFORMACIÓN PSICOLÓGICA & FÍSICA
PB: Evan Peters.
Es un muchacho normal. Bastante alto, y de un peso promedio. Su tez es pálida y hace contraste cobn su ondulado cabello rubio, similar al oro. Oliver tiene una apariencia tan normal que asusta. Uno sencillamente sabe que hay algo sospechoso en él, pero lo que lo asegura son sus ojos. Hasta un ciego podría ver que no son los ojos de alguien normal. Que están llenos de sufrimiento y de los peores deseos, que hasta reflejan el cinismo que lleva en la sangre. Esos ojos negros de Oliver, son los ojos de un asesino.

Su pasado no sólo se refleja en sus ojos, sino en todo lo que es su actitud. A veces puede llegar a tener los gestos de un niño de siete años, ya sea sentándose de cierto modo o dando brincos por acá y por allá de determinada manera. Cuando no lleva acabo lo dicho, es de lo más rígido, con la columna vertebral en su posición natural y correcta, los hombros derechos y el cuello tan firme con un árbol. Tiene las maneras de alguien que se encuentra notablemente cohibido.

A pesar de éso, no siempre luce como un potencial asesino, con quienes tiene confianza o por quienes siente agrado(y no ha torturado mentalmente) es casi irreconocible. ¡Su espalda hasta se arquea un poco, en ésa típica joroba del adolescente! Y sin duda, lo que más lo diferencia de su otro él, es su sonrisa. Es más que una flexión de músculos, es la más clara representación de su inocencia. A Oliver hay que verlo de dicho modo, como dos personas diferentes, o dos versiones de él mismo.

Está el Oliver rígido, desalmado. Y también el Oliver dulce e inocente de tres asesinatos.

¿Que comparten?

El gusto por los abrigos de franjas horizontales y las camisas con mensajes.

Descripción Psicológica:
— ¿Como te sientes con lo que hiciste? ¿No te parece ni siquiera un poco desalmado haber asesinado a tu familia entera?
— No. Ellos no eran mi familia, por lo que no siento ni el más mínimo remordimiento. Por otro lado, mi padre era una mierda, y se lo merecía — Comentó, con la mirada fija en los ojos de la mujer y sin expresión en el rostro.


Principalmente, y como psicópata, debe saberse que es brutalmente honesto, desalmado. No siente remordimiento por el asesinato de su familia, ya que sencillamente no eran ellos. Jamás en su vida ha sentido amor, no por alguien fuera de su familia. Se asume que es natural cuando pasas la mitad de tus años en tu habitación, totalmente aterrado por los intrusos que hay en casa. Todo aquello le hizo muy difícil la tarea de socializar. De hecho, Oliver no culminó su último año de escuela, ya estaba muerto para entonces. Gracias a su condición se le enseñaba en casa. Cabe destacar que es un joven sumamente inteligente, le encantan las matemáticas y la historia, pero su mayor amor es la anatomía.

— ¿Que piensas sobre la muerte? —
— Podrías decir que tengo una mentalidad medieval, pero la muerte, para mí, es como la mejor bendición que Dios, si es que existe alguno, pudo darnos. Vivimos en un maldito mundo lleno de mierda ¿Sabes? Absolutamente todos de juzgan por lo que haces o no — Bajó la mirada, ceñudo — ¿Y ésta sociedad? Está totalmente jodida. Nos enseña a encajar cuando nacimos para destacar. La muerte es el mejor escape, un escape que nadie puede evitar, y por supuesto, el mejor modo de obtener fama. Pregúntale a Vicious, el sabe que lo mejor que puedes hacer para ser una estrella, es morir de repente. — El rubio culminó esbozando una tenue sonrisa.


Siempre se sintió fuera de lugar, ni siquiera en casa podía vivir con personas reales. Todo lo que quería se esfumó un día, como el humo de un cigarrillo, y jamás volvió. Éso lo hizo un hombre sumamente sensible. Por supuesto, hay que establecer la diferencia entre sensible y empático. Oliver no es capaz de sentir ni siquiera el dolor de un pellizco por otros, solo por él. ni si quiera al ver a su hermana rogándole porque la dejara vivir pudo sentir algo más que el éxtasis, la mayor expresión de la felicidad humana.


— ¿Y que hay del amor? ¿Lo has sentido?
— Es la mejor sensación que un ser humano puede experimentar, es la razón por la que uno vive. — Aseguró, con la sonrisa de un hombre enamorado en el rostro. Luego soltó una risa y negó con la cabeza. — El amor solo existe porque el odio existe. El amor sólo son neurotransmisores. No es magia, no es algo sobrenatural. Sólo es química. — Se encogió de hombros mientras flexionaba las piernas para así poder sentarse en posición de flor de loto.


Tiene una habilidad increíble para manipular, para mentir, para hacer que las cosas no luzcan como lo que son. También tiene un humor algo retorcido, se vale decir que no hay cosa que disfrute más que ver el miedo en los ojos de otro, le otorga el poder que a lo largo de su vida jamás sintió. Algo típico en él sería primero besarte, para así luego matarte.

Lo cierto es que Oliver no ha tenido un historial amoroso muy extenso, de hecho, éste es inexistente. El muchacho vivía demasiado concentrado en su propio mundo como para preocuparse por otra cosa que no fueran los impostores, además, ninguna chica habría estado de acuerdo en hacer lo que el deseaba hacer, cosas que les harían recibir regaños de sus padres sólo por leerlas.

—Aún ahora, cuando la experimentas ¿Piensas del mismo modo?
Oliver se humedeció los labios sopesando la pregunta por un rato. — La muerte es la mejor cosa que me ha podido suceder. — Tomó una bocanada de aire — Mis padres creyeron que sería un fracasado solo por no tener el trasero de todas las perras de la clase frente a mí, a los trece años. ¿Y ahora? Si pudieran verme estarían orgullosos. Soy más famoso que el maldito Bundy. — Se mordió el labio inferior en una sonrisa — ¿Lo ves? Estamos en un mundo tan jodido, que asesinar... — Alzó una de sus mano, simulando un arma, y la llevó a la frente de la mujer — Psshh — Soltó una risa — Te hace más famoso que curar el cáncer.


Oliver está en la tierra por una sola razón: Sus asesinatos no han culminado.
Los antiguos propietarios de la casa murieron en manos de él, y los actuales, a quienes todavía no conoce, van por el mismo obscuro camino.

Como cualquier otra cosa, el matar es adictivo.


Gustos:
+El jugo de naranja. Su bebida favorita, por razones obvias.
+Las películas. Entre sus favoritas están Scarface, Ed Wood, Edward Scissorhands, La Caída De La Casa Usher.
+Los niños. Son la viva imagen de la inocencia, y le encanta que sean tan ingenuos.
+Los comic books.
+Silbar.


Disgustos:
+La luz. Sus ojos se han acostumbrado a verlo todo en la obscuridad.
+Estar descalzo, le resulta muy incómodo.
+La lluvia. Oliver cree que la lluvia es la más irónica cruel de las bromas.
+Las armas. Hacen que los asesinatos sean muy impersonales y poco divertidos.

Miedos o fobias:
+Pasar al otro lado. Implicaría que no podría hacer lo que más le gusta.
+Encontrarse repentinamente con sus verdaderos familiares.

Fortalezas:
+Su objetividad y convicción.
+Es todo un estratega.

Debilidades:
+Es emocionalmente inestable. Éso hace que sea también muy impulsivo. Molestarlo es como encender un fósforo frente a una estufa.
+Es sumamente enigmático, hasta el punto en el que puede llegar a frustra. Nunca sabes si va a besarte o a matarte.

Manías:
+Humedecerse los labios antes de hablar.
+Mecerse en el asiento que ocupe.

INFORMACIÓN FAMILIAR
Familia: Brad Ravenfield { Padre } Su relación con su padre fue buena hasta después del accidente, cuando lo consideró como un cómplice de las impostoras. Anterior a aquello pasaban bastante tiempo juntos, y Brad pensaba que su hijo tendría todo el éxito que él no pudo tener.

Janet Scott { Madre } No hay nada tan incondicional como el amor de una madre. Janet estuvo ahí hasta el último momento, los ojos malvados de su hijo fueron lo último que vio, y los inocentes ojos de un bebé fueron los que le proporcionaron la alegría que creía que no existía.

Charlotte Ravenfield { Hermana } Su mejor amiga, al menos hasta que se convirtió en una intrusa. Era la persona en la que confiaba sin ojos y sin oídos, la persona por la que daría la vida, y quien dio la vida gracias a él. era dos años menor que él, y no sintió atracción física hacia ella antes del asesinato. nunca se publicó si hubo o no una violación, es algo que sólo sabe él.

Historia:
[justify]¿A quién no le gusdta leer una buena historia? Desde pequeños se nos ha enseñado a oír lo que un autor tiene que decir, a sumergirnos en un mundo fantástico en el que existen los caballos con cuernos y pequeñas niñas que desprenden escarcha y cumplen deseos. Lo cierto es que la historia de Oliver es como un buen cuento, un cuento sin las hadas y la sonrisa. Un cuento basado en la tristeza.

La familia Ravenfield no era de las que destacaba mucho. Nunca fueron una familia perfecta, o una disfuncional, eran sumamente normales. Con conflictos de vez en cuando, y sonrisas de cuando en vez.

Janet y Brad Ravenfield vivieron todas sus vidas en New York, ahí fue donde se conocieron al ser muy jóvenes, y ahí fue donde la química entre ellos les llevó a un punto que muchos llaman amor. Generalmente se duda mucho del amor, científicamente la atracción no dura más de cinco meses, y si persiste es una réplica de un vínculo entre hermanos. Muchos dicen que el amor es sólo una estrategia comercial para vender productos a lo largo de todo el año, pero éstos jóvenes con nombres de personajes de un musical estaban convencidos de que lo que existía entre ellos era sobrenatural.

Las familias de ambos estuvieron muy felices con la llegada del primer hijo de la pareja de veinte y veintitrés años, un rubio de ojos café que tenía la nariz de su abuelo y el cabello de su madre. Los jóvenes estaban seguros, como cualquier par de padres, de que su hijo ganaría un premio Nobel o cambiaría el mundo como Newton, de que tal vez podría llegar a ser un Tony Curtis, o un Oscar Wilder. En fin, ellos veían el éxito del pequeño niño antes de que este pudiera si quiera nacer. Gracias a ésto, decidieron llamarlo Oliver, que significa leyenda, héroe, valiente.

No pasó un año de vida cuando Brad y Janet advirtieron que un cambio de ambiente era sumamente necesario. New York no era la ciudad adecuada para criar a un niño, iba muy rápido, y ambos querían que el niño tuviera una infancia tranquila. Además de éso, en el edificio se corrió el rumor de que Janet dejaba entrar a un jovencito de buenos abdominales y cabello color azabache cuando Brad estaba trabajando. Antes de que pudiera suceder más, se fueron al otro extremo del país, a Oregon. Un pequeño pueblo llamado Prescott en el que el padre de Brad poseía una propiedad. Se trataba de una casa antigua, que le erizaba los pelos de la nuca a quién entrara, pero a la cual aún así ellos lograron darle algo de vida.

Durante sus primeros años fue un niño dolorosamente normal. Obedecía de vez en cuando y no lo hacía igualmente. fue entonces, cuando cumplió tres años, que llegó lo que le puso la cereza del postre a la familia, una niña.

La pequeña Charlotte se convirtió en el sol de la casa, en la niña a la que absolutamente todos adoraban, incluyendo a Oliver, quién la protegía como si de ella dependiera su vida. Sus rizos de oro resultaban atractivos a absolutamente todo el mundo y su sonrisa era la más contagiosa del planeta. Oliver y Charlie eran los hermanos perfectos, ambos sumamente atractivos e inteligentes, cariñosos y carismáticos.

Poco a poco y al pasar de los años, se le notó algo aislado del resto. Pasaba todo el día en su habitación y sólo le veía las caras a sus familiares durante la hora de la cena, cuando también se quedaba callado. La única persona con la que lograba sincerarse era con Charlotte, quién a pesar de ser dos años menor que el era algo madura para su edad. Además, no disfrutaba algo más que verla sonreír. Sus padres asumieron que todo aquello se debía a la difícil etapa de la adolescencia, caracterizada por la hipersensibilidad y la rebeldía. Cada persona tiene su modo de manifestar la última, cabe destacar, y los adolescentes son sumamente creativos. Por éso se le vio como algo normal, y de hecho así era. Oliver estaba comenzando a formar su carácter, a ver en su mente cosas de las que no podía hablar con los demás.

El no quería aislarse, pero sencillamente no sabía de nadie que pudiera entenderlo. Alguien con quién hablar abiertamente de sus sangrientos deseos y que no lo considerara como una potencial amenaza a la sociedad. ¿Y como? Todos en el pueblo parecían ser réplicas del otro. Escuchaban exactamente la misma música, idolatraban a los mismos perdedores, vestían del mismo modo y hasta utilizaban las mismas palabras al hablar. Oliver sólo deseaba a alguien diferente.

Fue cuando cumplió la mitad de la mayoría de edad cuando sucedió un acontecimiento clave en su vida, un accidente que lo cambió por completo.

Durante una mañana como cualquier otra, Oliver salió camino a la escuela. Con un nudo en la garganta por la amargura que le causaba tener que ir a ése lugar, pero más que nada la tristeza de estar solo. Silvaba una canción de Bob Dylan cuando un conductor no lo vio y el muchacho acabó en el suelo. Por suerte, las consecuencias no fueron mayores, ó éso pensaron sus familiares.

La abuela de Oliver(a quién nunca conoció) padecía uno de los trastornos más terribles y comunes, la esquizofrenia. Por lo que su descendencia era propensa a padecerla igualmente. Posterior al trauma que representó el accidente para él, Oliver comenzó a sentirse de un modo diferente, y a ver las cosas de un modo diferente.

Oliver decía que su hermana había sido sustituida por otra joven. Que la que él veía tenía cierto parecido con la real, pero que una organización dedicada al secuestro de personas se la había llevado. Inicialmente lo dijo con total calma, hasta de un modo frío, intentando ser tomado en serio. Pero no fue así. Se asumió que se debía al estrés postraumático del choque, y que en pocas semanas Oliver volvería a la normalidad. Pero no fue así. El muchacho pasaba cada vez más tiempo en su habitación y hasta dejó de hablar con Charlie, pues estaba seguro de que era una sustituta.

Se le fue enviado a un psiquiatra, un anciano que difícilmente podía hablar y que había dado un diagnóstico erróneo. Por ser un trastorno sumamente raro, se asumió que lo que mantenía a Oliver sin sueño era la esquizofrenia(además de que el médico no era demasiado eficiente). Todo apuntaba a que era la respuesta más lógica, los antecedentes de la familia y los delirios que tenía. Se le recetó medicación para así controlarla, pero el en lugar de tomarla, la escondía.

Pronto dejó de ser Charlotte la única sustituta, también su madre había sido secuestrada y era escondida en una granja. No iba a aceptar ayuda de quienes intentaban destruirlo, era irracional. La familia jugó con la idea de internarlo en un instituto psiquiátrico, pero todos sabían que por más de que el chico hubiera cambiado, aún lo amaban demasiado como para alejarlo de ellos.

Al cumplir los diecisiete años la bomba estaba a punto de explotar. Se juntaban sus fantasías sangrientas con la frustración de vivir con sustitutos, con los prejuicios de su padre y las miradas que le hacían saber que lo veían como un loco. Oliver no encontraba salida en ningún lugar, ni siquiera la autoagresión pudo ayudarlo, y hasta intentó suicidarse una vez.

Entonces lo entendió, ya a mitad de año;

Había atentado contra su vida, no la de ellos.
Eran ellos los falsos, no él.

La respuesta estaba más que clara, la tenía estampada en la frente. Tenía que hacer algo para acabar con ellos.

Pasaba todas las noches intentado idear un plan para hacer algo en contra de ellos sin dejar pistas. Tenía que huir después de todo ¿Cierto? Tenía que dejarlos ahí e ir en busca de su verdadera familia. De su Charlie, y de su mamá.

Decidió colocarle algo de humor al asunto, para hacerlo menos deprimente. Lo llevaría a cabo el año siguiente, específicamente en su cumpleaños número dieciocho, el nueve de Octubre. Para entonces ya sería legalmente un adulto y podría salir de Prescott sin necesidad de la autorización de los sustitutos. Era el plan perfecto.

Aquél día experimentó una tranquilidad que ni siquiera sabía que exsitía. Estaba calmado, preparado, sabía exactamente lo que iba a hacer, había repasado el plan una y otra vez en su mente, y entonces era el tiemo de llevar a cabo una de sus fantasías más macabras.

Eran las once de la noche cuando se dirigió a la cocina un ocho de Octubre, abrió la nevera y sacó una botella de jugo de naranja, lo virtió en un vaso y se lo tomó con la calma con la que uno come un postre realmente delicioso. Sin hacer ruido y con la emoción erizándole los pelos de la nuca, se dirigió al garaje y tomó el bate con el que su padre le había enseñado a jugar béisbol. Lo probó un par de beses, sonriente, pensando en lo satisfactorio que iba a hacer usarlo.

Caminó con pasos ligeros hasta la habitación de sus padres y ahí se arrodilló del lado de la cama del señor.

— Papá — Murmuró — Tengo miedo — Se humedeció los labios mientras el bate le presionaba la espalda, rogándole que lo utilizara. El corazón le luchaba por salirse de su caja torácica, pero él se mantenía con gesto sereno y hasta una pequeña sonrisa en el rostro. Janet soltó un murmullo que no logró entender. — ¿Me acompañas a mi habitación? — Le pidió, mientras los ojos verdes del hombre miraban la sombra de su hijo. Se puso de pie y soltó un suspiro.

— ¿A que le tienes miedo, hijo? — Preguntó, con la voz ronca del sueño y la piel tan fría que le ardía que se la tocaran.

— A esas cosas. — Comentó, mientras intencionalmente hizo que su voz se quebrara. Brad rodeó los hombros de su hijo con el brazo y le dio una palmadita amistosa.

— Te garantizo que no te van a hacer nada ¿De acuerdo? Ahora sólo ve a tu habitación e intenta dormir. — Por la mente del hombre jamás pasó ni la más vaga idea de lo que estaba a punto de suceder. el veía a su hijo como un chico trastornado, pero no capaz de matar a alguien. Giró el picaportes de la puerta y abrió ésta, frunciendo el ceño y con Oliver en la espalda. — ¿Has estado tomando tus medicamentos hoy? — Preguntó, mientras giraba y se encontraba con la puerta cerra y a un rubio con un bate en las manos.

— No — Respondió Oliver, con una sonrisa arrogante y malvada en el rostro, una sonrisa que su padre jamás había visto, y que irónicamente, fue lo último que vio. Antes de que el hombre pudiera proferir sonido alguno, el bate ya lo había golpeado en la cabeza. La satisfacción que sentía Oliver al ser salpicado por la sangre de ése maldito iba más allá del cielo, le llenaba el cuerpo de adrenalina y sólo le hacía querer más y más.

Se paró frente a un rostro deforme y a un cráneo roto, ante el cuerpo del hombre que le había dado la vida y que, a sus ojos, lo había traicionado, y que ya no era el mismo.

Dejó el bate entre los dedos de la mano derecha de su padre, luego soltó una risa, recordando que era zurdo, y lo cambió a la mano izquierda.

Ya había acabado con el más fuerte.

La siguiente era la madre.

Los pasos del joven cada vez se hacían más y más enérgicos, eran los pasos de alguien que experimentaba felicidad pura y auténtica. ¡Y maldición, éso era lo que sentía! Lo que hacía era como un sueño hecho realidad.

Después de tomar un cuchillo de la cocina, se dirigió al cuarto de sus "padres" nuevamente, y ahí yacía Janet, totalmente perdida en el sueño. Era gracioso, pues lo que menos esperaría era ser asesinada. Oliver inclinó la cabeza de un lado a otro, como cuando uno sopesa algo, y lentamente se acercó a ella.

— Buenas noches, mamá — Le dijo, en una voz serena e inexpresiva. Para entonces Janet ya había abierto los ojos, no por su voz, sino por el dolor que la puñalada en el estómago de Oliver le había causado. En total fueron veintisiete. El abdomen de la mujer quedó destrozado y la cama en la que murió totalmente ensangrentada.

Oliver daba saltos de satisfacción ¡Lo había hecho! Y ahora sólo le faltaba una. A la que más había deseado destruir, la primera impostora.

Se mordía los labios del placer que sentía, mientras caminaba hacia la habitación de su hermanita, con el pecho subiéndole y bajándole de lo agitada que tenía la respiración. La calma había quedado a un lado, entonces solo sentía la urgencia de matar, de experimentar el infinito placer que aquello le proporcionaba. Ver la sangre y hacer que con cada golpe saliera más y más.

La rubia se hallaba frente a un libro, Orgullo y Prejuicio de Jane Austen. Maldita basura. Oliver había aprendido que no todo en el mundo se trataba sobre el maldito amor, pero los ejemplares de Jane Austen se empeñaban en hacer a todo lucir malditamente rosa.

— Hermanita — La interrumpió, ya con la sangre de ambos padres cubriéndole el cuerpo. Charlie soltó un chillido que escucharon hasta los vecinos pero luego la mano roja de Oliver logró hacerla ahogarlos. — ¿Tienes miedo? — Soltó una risa — No tengas miedo, yo estoy aquí, y pronto tu vas a estar muy tranquila. ¿De acuerdo? — Dejó un beso en su cabellera, para luego frotarla cariñosamente contra su mejilla.— Te he guardado para el final porque eres la más especial, Charlie. Deberías apreciar éso. Oliver lo aprecia. Oliver cree que deberías saber que eres especial. — Le murmuró al oído, mientras sujetaba el libro para dejarlo a un lado. — Oliver cree que no deberías leer ésa basura. Sólo te hace ver las cosas como no son. — La niña estaba aterrorizada, tanto que ya sentía que no tenía sangre en el cuerpo. Su hermano, en quién confiaba plenamente, una de las personas a las quienes más adoraba en el mundo, tenía una de sus manos entre sus piernas, tocando lo que nunca nadie antes había tocado. — Oliver piensa que eres muy bonita — La joven cerró las piernas de un golpe y mordió la mano que tenía en la boca, el le dió un golpe en la mejilla. — También piensa Oliver que eres tan jodidamente insoportable que le dan ganas de matarte. — Gruñó. Ella negó con la cabeza, sintiendo el dolor en la piel y un nudo en la garganta que le impedía gritar, además de infinitamente asqueada. — Oliver dice que si te quedas muy tranquila, nada malo va a pasar ¿Vas a quedarte tranquila? — Ella asintió.

El muchacho la llevó al baño, sujetando sus caderas y con la sonrisa del mismo demonio en la cara. La rubia le rogaba entre sollozos que la dejara, que ese no era él, pero el muchacho jamás la escuchó. Una vez que llegaron al baño, Oliver se sacó de entre los pantalones el cuchillo con el que había asesinado a su madre.

— Oliver tiene un humor increíble ¿Sabes? — Soltó una risa, mirando el reflejo de la niña en el espejo. — Y quiere que hagas algo ¿Lo vas a hacer? — Ella negó con la cabeza. Presionó su cuerpo contra el de ella y el cuchillo en su cuello, haciendo un mínimo corte. cualquiera sabe que si vas a amenazar al cuello con un cuchillo, hay que hacer un pequeño corte para que se te tome en serio. La rubia asintió. — Quiero que sujetes ésto, y si intentas algo, vas a terminar como tu papá — La desesperación que recorría las venas de Charlotte iba más allá de la comprensión humana. ¿que le había pasado a su papá? ¿Y por qué Oli actuaba de ése modo? Sabía que algo andaba mal, pero jamás imaginó que acabaría así.

La joven Charlotte siguió todas sus órdenes.
La joven Charlotte fue forzada a cortar sus muñecas con el cuchillo con el que se asesinó a su madre minutos antes.

Oliver quedó sólo en la casa, con los chillidos de Charlotte en la cabeza, llamando su nombre. Desde el cuarto de baño, que compartía con un cadáver, los escuchaba. Pero la persona que yacía en el suelo no era su hermana, su Charlie era la voz que escuchaba.

— ¡Oliver! ¡Oliver! — Le llamaba ella, la auténtica Charlotte.


***


Oliver pasó el resto de la noche buscando a Charlie y a la mañana siguiente, cuando el sol logró iluminar a los cadáveres de su familia, sólo dijo una cosa:

— Llegó la hora de celebrar mi cumpleaños — Se encontraba sentado sobre el sofá, con un vaso de jugo de naranja en la mano, compartiendo la habitación con una Janet sentada a su lado y con el abdomen destrozado, un Brad sin rostro sobre el sofá individual, y una Charlotte a su otro lado.

Oliver se cantó cumpleaños y golpeó una vez más a Janet por no "acompañarlo". Pasó el resto del día jugando a la familia felíz con los cadáveres, discutiendo con ellos.

— ¿Sabes que, maldito? — Le dijo a Brad — Te mereces absolutamente todo éso. ¿Por qué? Porque se suponía que eras mi maldito padre, y jamás estuviste ahí. Te pusiste del lado de ésa perra, y me olvidaste. Entonces no, no me entristece verte así. — Frunció los labios mirando el rostro destrozado de su padre. — Lo merecías —

Al pasar del tiempo los veicnos notaron que la familia jamás salía de la casa, y decidieron llamar a la policía, pues evidentemente, algo sospechoso ocurría.

Oliver seguía sentado en el sofá, con varios vasos de jugo de naranjada a su lado y compartiendo una imagen sumamente perturbadora con los cadáveres de sus familiares. Alzó la mirada y distinguió a uno de los oficiales del pueblo, le dedicó la sonrisa de un hombre inocente y soltó una risa.

Fue ejecutado en su misma sala. Lo que había hecho era digno de un demonio. Las personas en el pueblo sintieron que la maldición había tomado fuerza, que la maldad que se había hecho present en el pueblo una vez más se iba a apoderar de éste.

Desde entonces no se volvió a hablar al respecto.

El muchacho que una vez fue un niño normal, en una familia normal de padres normales, estaba maldito.

Datos extra:



Víctimas;;

+ 1991 >> Brad Ravenfield. Su primer asesinato, la primera probada a lo que más le gusta hacer en el mundo. Oliver sabía que si acababa con Charlie primero su padre la salvaría, o decidiría hacer algo con él. Por éso llegó a la conclusión de que debía acabar con el más fuerte primeramente. Poterior a engañarlo, pidiéndole que le acompañara a su habitación ya que tenía miedo, lo asesinó a golpes, con el bate que Brad había utilizado para enseñarle a jugar béisbol.

+ 1991 >> Janet Scott. La emoción de su primer asesinato fue incontenible. Ya había acabado con el traicionero, y entonces era el turno de la impostora número dos, su madre, o quién se hacía pasar por ella. Janet dormía, sin saber que su esposo entonces era sólo un cadáver, cuando Oliver decidió aplicar una técnica de lo más efectiva para despertarla. Recibió veintisiete puñaladas en el abdomen, quedando totalmente deforme. Posterior a aquello Oliver le agregó un poco más de diversión, y procedió a jugar con los órganos de la mujer, utilizando su cuchillo de cocina.

+ 1991 >> Charlotte Ravenfield. El último de su primera serie de asesinatos, su hermana. Los detalles no son conocidos por el público, dada la atrocidad del crimen. Se dice que la rubia fue violada, cosa que solo Oliver sabe. El muchacho, pensando que su hermana de quince años era una impostora(gracias a su condición) la forzó a cometer suicidio, cortándose las muñecas con el cuchillo con el que previamente había apuñalado a su madre(Quién también pensaba, era una impostora)

+ 1992 >> Imogen LieRose. El primer asesinato de un ocupante de la casa, posterior al de su familia. Logró manipular ala muchacha para que ésta asesinara asu madre, también. A continuación, el arrepentimiento le picó a la rubia, pero antes de que pudiera arruinar la satisfacción de Oliver, él la empujó desde la habitación más alta de la casa.

{ ... }

+ 1999 >> Gaël Havoc. El rubio era un abusivo en la escuela, y Oliver decidió darle algo de su propia medicina. Mientras el padre de Gaël se encontraba profundamente dormido, gracias a las drogas que consumía, él hizo de las suyas con el muchacho. Cortó sus dedos de sus manos, uno por uno, escuchando como gritaba por piedad al estar amarrado a su cama. Posteriormente, y con ironía, realizó cortes profundos en sus tobillos, para que así no pudiera hacer lo que más le gustaba, los deportes. Luego de que el muchacho quedara inconsciente por el dolor y los golpes que le había dado en la cara, de lo más ensangrentada, lo sacó de su habitación y lo dirigió al baño. Al tiempo en el que cortaba su garganta, sumergía su cabeza en la taza del baño. Hizo que el padre de Gaël luciera como el asesino, dejando vestigios que supiestamente procedían de él.

{ ... }



I bet you think about sex
Sweaty hands will fail to lock the door
They'll be here soon, i wish I could keep my teeth from grinding
I wish I'd stop looking behind me. Running now will only make it worse
They'll be here soon, i wish I could shake the awful feeling
I wish my mind would stop...

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Re: If i ever see you again, and this gun is loaded, you'll sleep in hell. { Oliver Scott }

Mensaje por Eve Hallow el Jue Nov 21, 2013 7:15 am

ey lil papa lemme whisper in yo ear

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Re: If i ever see you again, and this gun is loaded, you'll sleep in hell. { Oliver Scott }

Mensaje por Oliver R. Scott el Dom Dic 01, 2013 8:07 am

ok



I bet you think about sex
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Re: If i ever see you again, and this gun is loaded, you'll sleep in hell. { Oliver Scott }

Mensaje por Eve Hallow el Dom Dic 01, 2013 8:12 am

:c

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Re: If i ever see you again, and this gun is loaded, you'll sleep in hell. { Oliver Scott }

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